Bases Conceptuales
Si bien la doctrina del Humanismo Universalista es de una gran amplitud y riqueza, podemos destacar los siguientes puntos como la base conceptual sobre la que se construye esta nueva visión sobre el ser humano, la sociedad y la historia.
El Ser Humano
El Humanismo Universalista define al Ser Humano como el ser histórico cuyo modo de acción social transforma su propia naturaleza. Un ser abierto al mundo, de dimensión histórico social, cuya conciencia es activa y cuya actividad es transformadora del mundo de acuerdo con su intención. Intención lanzada a la superación del dolor y el sufrimiento, que lo lleva a humanizar la naturaleza, la sociedad, su propio cuerpo y a si mismo.
Los Momentos Humanistas
El Humanismo Universalista destaca la existencia de momentos humanistas en la historia de las diferentes culturas, en los que se pueden detectar las siguientes características:
- ubicación del ser humano como valor y preocupación central,
- afirmación de la igualdad de todos los seres humanos,
- reconocimiento de la diversidad personal y cultural,
- tendencia al desarrollo del conocimiento por encima de lo aceptado como verdad absoluta,
- afirmación de la libertad de ideas y creencias, repudio a toda forma de violencia.
La experiencia como punto de partida
El Humanismo Universalista desarrolla su doctrina partiendo de la experiencia humana. No parte de ideas, teorías o abstracciones, sino de la observación de la propia experiencia. Esto lo lleva a realizar sus desarrollos incluyendo al observador en estructura con el fenómeno observado y no desde una pretendida objetividad dada por no considerar cómo el observador afecta lo observado.
Esta posición del observador lleva a ejercitar la descripción rigurosa, propia de la fenomenología, antes que su interpretación desde una teoría, lo cual se expresa en un método que busca no sólo la explicación, sino fundamentalmente la compresión de lo estudiado
En este sentido y en esencia, la Psicología Humanista parte de la experiencia de lo existente como estructura conciencia-mundo.
La conciencia, además, se experimenta abierta al mundo y en permanente dinámica. Es esta estructura dinámica la base de la experiencia humana de la que parte la doctrina del Humanismo Universalista.
Desde estos fundamentos se desprende una metodología del pensar y una ética de la acción.
Metodología del pensar
Se observa en la conciencia una doble capacidad. Por una parte, la de captar los fenómenos de los mundos externo e interno; y por otra, la de intentar ordenar y dar sentido a lo que se experimenta, a través del pensamiento. Es desde los registros del pensar y la observación de los mecanismos que lo constituyen que se puede fundamentar una metodología del conocimiento basada en la “experiencia del pensar”. Los desarrollos más generales del pensar permiten, a su vez, la formulación de un conjunto de principios y leyes universales.
El CMEH propone, para sus estudios e investigaciones, un método basado en la observación de la experiencia del pensar. Este método, junto con los principios y leyes universales, conforman una estructura coherente que facilita la comprensión de los problemas abordados.
El Método se presenta como un conjunto de procedimientos analítico-sintéticos que permite ordenar los fenómenos que se estudian y facilitar su comprensión. Su ejercicio tiende a reeducar el modo de encarar el aprendizaje y el modo de comprensión, siendo una herramienta de transformación del que investiga y del mundo que lo rodea.
Ética de la Acción
Teniendo la experiencia como punto de partida, la validez de los actos de conducta no se puede ponderar sino por el registro que de ellos se tenga.
Por esto, más que una valoración moral externa, el Humanismo Universalista propone “Principios de Vida” que se relacionan con el registro interno y orientan la conducta hacia la realización de “acciones válidas”.
Los indicadores que permiten identificar estas “acciones válidas”, es decir aquellas que dan sentido, coherencia y crecimiento interno, son:
- el registro de profunda distensión al ser realizados,
- el deseo de ser repetidas,
- la sensación de crecimiento interno.
Por el contrario, aquellas acciones que producen contradicción entre lo que se hace con lo que se piensa y se siente, debilitan el desarrollo interno de las personas.
En términos sociales, la relación con los otros debe a su vez considerar no perjudicar a los demás con la propia acción, y para que esto sea coherente con lo anterior habrá que considerar la regla de oro que enuncia “trata a los demás como quieras ser tratado”.
Esto constituye una escala de valores en cuyo punto más alto se pone la coherencia, una nueva moral para la que no es indiferente cualquier tipo de acción y una nueva aspiración que implica ser consecuentes en el esfuerzo por dar dirección a los acontecimientos humanos.
Las actividades solidarias genuinas, aquellas que buscan el bienestar del conjunto más que los propios intereses, van en esta dirección y aportan al crecimiento de la sociedad humana.
Por su parte la búsqueda del conocimiento o su aplicación también deben tener un necesario marco ético que exija que la investigación y utilización del conocimiento sólo puedan estar a favor del crecimiento de la vida humana y nunca generar o justificar su daño o destrucción.
Es por esto que el CMEH propone que la investigación científica deba ser acompañada por un “Compromiso Ético” que explicite y comprometa a los estudiosos e investigadores a utilizarla solo a favor de la vida humana. Este “Compromiso Ético” se constituye entonces en el fundamento de toda investigación y orienta la dirección mental del investigador, que simultáneamente al desarrollo de su acción, profundiza un proceso de transformación de sí mismo.
Ésta y no otra puede ser la finalidad del conocimiento, que por otro lado es patrimonio del proceso humano y que entonces será un “buen conocimiento”.


